Domingo 20 de mayo de 2012 | 00:36 hs
Gustavo Cordera arrasó en el auditorio Bustelo, con una fiesta de mestizaje musical que elevó la energía del lugar a un bailongo sin límites.
martes, 14 de diciembre de 2010
Medio Bustelo semi lleno. Bersuiteros pocos. Algo de calor, algo de color, algo de agite y gritos de ‘peladooooo’ entre la sensación ambiental de que se viene el bailongo: al fin, la Caravana que visita por primera vez Mendoza irrumpe. Sí, es una troupe sabrosísima con guitarras exquisitas, bases provocadoras, lindísimas coristas y una chica poderosa, también, en los teclados.
Sí, Cordera está más guapo, más flaco y, evidentemente, está feliz. El gigantón que fundó Bersuit hace 20 años, después de mudarse a 500 kilómetros de su Lanús natal, tiene otra luz.
Por eso abre la noche con “No es que sea viejo”, moviéndose con estertores fiesteros para instalar la contraseña.
Cuando todo era casi nada -en el pueblito balneario de La Paloma- Cordera empezó con dos gemitas de inspiración que serían esenciales a la Caravana: “El lisiadito” y “Asalto de cumbia”, se grabarían en el imaginario de los primeros seguidores post Bersuit que ahora, acá, cantan a gritos las letras completas. Y es ahora, acá, que Cordera mete “Suelto”, “Me la juego a morir”, “Ansiedad”, “Aprendí a esquivar”, sin que la balada destrabe, nunca, los manoseos entre el rock, la milonguita y la cumbia.
“¡Pelado careta, aguante el Indio Solari!”, grita alguien, y el veredicto, sin eco, indigna al resto.
De golpe, el Pelado confiesa: “Esta canción nació en Mendoza, en esos momentos en que quema la urgencia”, y larga “La Soledad” cuando (¿en qué momento?) la banda se queda sólo con los hombres. Pero esfuma de cuajo el reclamo colectivo: “Amores perros”, “Es real”, “Mi caramelo”, sonarán, sí, pero sumamente versionados. Y encima los guitarristas, que saben pasar de la eléctrica a la acústica con refinada conciencia folk rock, le ponen personalidad y carisma; mucha, y de ambas.
Es hasta atávico -al menos es lo que transmite Cordera- ocupar el lugar del hombre que recibe los corpiños. Pero si bien entrega picos y le guiña la zarpada a las chicas, se preocupa más por pedirle a la gente de seguridad que saque todas las vallas, para que el público se pegue al escenario, nos juntemos todos las caras y la cosa termine en alta festichola de club sportivo con alma de ritual.
Es el lado nítido del alma de La Caravana. Porque después de la canción-homenaje “Huguito”, explota “La bomba loca”, con su base tropi-core. Todavía Cordera habrá de reflotar palabras (“si te enfermás por tener cosas, en realidad las cosas te tienen a vos”) y largará el anticapital “Se cae”.
Testeada la escena viva, entonces, dirá “Ya Mendoza es la Caravana” y el resto será relajarse, gozar y constatar que “Asalto de cumbia” hará bailar hasta al malpegado que gritaba ‘careta’.
Chau. ¿Qué? La gente, con el ánimo allá arriba, lo arrastrará al primer bis. Y entonces volverá con la remera “No a la minería contaminante”, invocará la conciencia de la Pacha y pedirá: “No permitan que las empresas que sólo quieren enriquecerse los llenen de su basura”. Un aplauso cerrado dará pie a “La Caravana te mueve” y, al final, a una desopilante y genial versión cuartetera de “Sencillamente”.
Chau. ¿Qué? La gente se piensa ir. Y la energía será tanta, y tan de la buena, que los músicos volverán una vez más, a luz blanca y sin sonidista, a contagiar ese mantra de que ‘Dios es música’. Mariana Guzzante - mguzzante@losandes.com.ar